Cine independiente en Aragón

El cine independiente en Aragón ha tenido siempre un gran arraigo. El cine puro, fuera de intereses comerciales y libre de pensamiento y doctrinas, refugio de jóvenes realizadores que encontraron en él un punto de contacto y de inspiración para su trabajo, sobre todo en una época difícil, donde la libertad de expresión era inexistente y las producciones se hacían de forma clandestina, escapando al control de cualquier tipo de censura.

Los conceptos cinematográficos que cada realizador aportaba a sus películas y su forma específica de entender las cosas que lo rodeaban hacían del cine independiente un mundo lleno de matices y rico en expresiones. Hay muchos nombres que vienen a la memoria y a los que se les podría dar el calificativo de pioneros. El cine vanguardista tenía nombres propios: el pictoricismo de Sesé; las formas y abstracciones de Pellegero, volúmenes y sombras de proporciones perfectas y construidas desde una base arquitectónica; el cine especialmente particular de Maenza, donde el absurdo formaba parte prioritaria de sus realizaciones, algunas de ellas de has cuatro horas; el documental alpino de Miguel Vidal y sus cuentos costumbristas del Alto Aragón, donde recoge de forma excelente la manera de vivir de sus gentes; la sensibilidad de Pomarón, donde la realidad de una época se plasma de la misma forma que un pintor describe un paisaje con su pincel. Directores que fueron dando al cine de esta tierra una estructura importante, consiguiendo el reconocimiento en todo el país.

Durante los próximos números de este boletín, repasaremos y analizaremos el trabajo de estos cineastas, la situación social y política que les tocó vivir, los medios con los que contaban para sacar adelante sus producciones. Nos adentraremos en las tertulias del Café Levante y en las salas de arte y ensayo, donde tenían su segunda casa y punto de encuentro. Intentaremos reflejar y sobre todo rescatar para la memoria el tremendo esfuerzo de estas personas desgraciadamente casi olvidadas y que fueron exponentes importantes en nuestra cinematografía.

Nuevos grupos fueron apareciendo y con ellos un aire fresco que renovó las estructuras anteriores. La década de los 80 puede considerarse como importante en este sentido. Colectivos como Cineceta y Andanzas en Zaragoza, Sangría film en Teruel o el propio Eugenio Monesma en Huesca, catalizaron de forma sensible el cine independiente en nuestra comunidad. La revolución que supuso la entrada del vídeo en el mercado tuvo como consecuencia la transformación en los planteamientos técnicos y materiales de los realizadores. El pequeño formato tenía sus días contados y los cambios eran necesarios; un nuevo horizonte asomaba en el panorama audiovisual dando paso a la experimentación propia de la novedad. La evolución tecnológica seguiría en los 90 con la imagen digitalizada por ordenador. El montaje se convertía en interactivo y las copias en originales, siempre aportando un concepto diferente en la realización pero partiendo de un mismo lenguaje, en de la expresión cinematográfica, aunque su estética fuera informatizada.

Como podemos comprobar, el cine independiente ha tenido una transformación constante propia de la industrialización comercial, permitiendo con ello un florecimiento no sólo de la imagen sino de la forma en la realización. El 2000 seguro que nos sorprenderá con nuevos sistemas, pero el idioma será el mismo: expresarnos libremente.

Armando Serrano

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