Antonio Maenza

Antonio Maenza es el máximo exponente del cine vanguardista de los años 60, década en la que se encontraban realizadores como Lorenzo Soler, Antonio Artero o Paulino Viota entre otros y que formaban parte del paisaje cinematográfico independiente que se desarrollaba por esa época en Aragón. Maenza irrumpirá con fuerza dentro de este panorama como una especie de revolución intelectual, aportando ideas y conceptos completamente diferentes de los que habían imperado. Su cine se encontraba estrechamente unido a la literatura, como diría Alberto Sánchez, una mezcla entre el surrealismo de Sade, con una concepción especial sobre las relaciones humanas, y el cine simbólico de Buñuel. Su discurso, cargado de un fuerte contenido político, y su particular interés por el cine pornográfico brotaban como un grito de protesta, una forma de llamar la atención y de girar la cabeza hacia una parte de la sociedad que consideraba aburguesada y decadente.

Maenza nace en Teruel en 1948. Su obra de desdobla en dos áreas estrechamente ligadas: el campo literario y la realización cinematográfica. Fue principalmente un autodidacta en todos los sentidos y ello se refleja invariablemente a lo largo de su vida. Muestra de ello es el patético diario que escribe a los 17 años: El presente pasado. En la etapa como universitario, Maenza colabora con la revista Más margen, que nace como contestación a otra cuyo título simplifica al anterior: Margen. Será en este periodo donde tiene su contacto real con el cine y donde empieza a tomar cuerpo su película El lobby contra el cordero del año 1967-68, largometraje del que hablaremos más adelante. Su activismo universitario le proporciona algún disgusto con la policía, siéndole confiscados fragmentos de la película que recogen la carga de los antidisturbios en la huelga estudiantil, con lo que compromete sin desearlo a más de un compañero que es detenido. Maenza deja la universidad y se dedica a terminar su novela Melotimia, recorre diferentes ambientes culturales y se introduce plenamente en la corriente vanguardista. Tanto la filosofía como la estética de estos movimientos intelectuales que empezaban a emerger en la sociedad de los 60 seducen a Maenza, que se convierte en abanderado y en uno de sus elementos más representativos.

La figura de José Antonio Maenza ha estado durante años sumergida en el olvido, incluso su filmografía se daba por desaparecida. Las últimas investigaciones realizadas por Pablo Pérez y Javier Hernández sobre este controvertido cineasta han servido para sacarlo de entre la espesa bruma que lo contenía. El hallazgo de casi la totalidad de sus películas que estaban en poder de Arturo Pousa y la recuperación en diciembre del 93 de documentos y restos del film que guardaba celosamente Vicente Ponce, supone en la actualidad la práctica restauración de su obra, una filmografía compuesta por tres películas, recortes de otras y algunos proyectos inacabados, destacando la cinta mencionada anteriormente, El lobby contra el cordero, film que se rueda en 16 mm., financiándose gracias a una subvención de la Universidad y otras ayudas que Maenza logra reunir. Utiliza un lenguaje pleno de simbolismos y con múltiples trasfondos: recortes, rótulos impresionados, fotogramas coloreados, imágenes que sugieren y que D. Manuel Rotellar resumiría como una ficción caótica y pop, en estrecha relación con el surrealismo de Buñuel. El montaje lo realiza en diferentes fases con visionados previos, su primera proyección duraría 4 horas. En el año 1969 rueda su Orfeo filmado en el campo de batalla. En este trabajo Maenza renace el mito heleno para hacer un manifiesto contra la burguesía franquista. Los textos en su mayoría son atribuibles a Eduardo Hervás. Después llegaría Hortensia/Béance, en la que trabaja Enma Cohen, inspiración y arrebato de la vanguardia catalana. Maenza no terminaría el montaje.

La actividad y desarrollo creativos de Maenza se sitúan en tres puntos: Zaragoza, Valencia y Barcelona. Su Lobby contra el cordero, que se proyecta en diversas ciudades, le sirve de carta de presentación, abriéndole las puertas a los movimientos de cultura alternativa. Será en Valencia donde encuentre uno de los ambientes vanguardistas con más vitalidad y pujanza. Conoce al poeta Eduardo Hervás, con el que le unirá una inestable amistad. Prepara un proyecto cabalístico con nombre elegido para tal fin: Nueve en dieciséis para cuatro en ocho. Pablo Pérez y Javier Hernández, en su excelente diccionario de Aragoneses en el cine y el video, nos descifran el significado de esta denominación: “Era una empresa en la que se rodaba 4 películas en Super-8 siendo 16 el proceso de filmación (16 para 4 en 8); el 9 hacía alusión a las personas que integraban el equipo”. Posiblemente sea en Valencia donde más fértil fue su talento. Muestra de ello es su película Orfeo filmado en el campo de batalla, que se rueda precisamente en esta ciudad. Pero Maenza, poco amigo de estar en lugares fijos, busca en Barcelona unas nuevas expectativas para sus proyectos. La llegada del realizador es acogida con especial agrado por la vanguardia catalana. Gracias a la ayuda de Pere Portabella y Pedro Fages, consigue que Films 59 le produzca el largometraje Hortensia/Béance, del que hemos hablado anteriormente y que no llegó a terminar. Sus movimientos y actividades por esta ciudad son numerosos. Su trayectoria literaria tiene su continuidad en el trabajo de asesor editorial que desarrolla para Seix-Barral. Escribe, crea de una forma febril. Su facultad para concebir, imaginar y también soñar es sencillamente admirable.

La etapa puramente destructiva de Maenza llegará con el servicio militar. Todo lo que aborrece, la síntesis de su filosofía y sus propios monstruos mentales, toman cuerpo en aquel acuartelamiento de Huesca. Intenta lo que puede para librarse, se hace pasar por loco pero sin éxito. Después, su persona naufraga, las crisis se presentan de forma más continuada, se siente abandonado, los conflictos psíquicos retornan agudizándose, las estancias en el psiquiátrico son más prolongadas y frecuentes. Su capacidad creadora desaparece, se sumerge en una vorágine de alcohol y drogas, en un viaje a las tinieblas que va devorando su vida. Maenza muere un mes de diciembre de 1979, buscando en lo más profundo de la desesperación una salida para su infierno a través de una ventana.

Es tremendamente difícil poder valorar la obra de Maenza, para ello tendríamos que conocer realmente su pensamiento, ese pensamiento que muchas veces disfrazaba de manera esperpéntica, escondiendo el auténtico contenido y que dejaba entrever en el trasfondo de algunos fotogramas. Ahora, con la perspectiva del tiempo, Maenza continúa siendo una especie de ser mitológico, una leyenda que raya en lo novelesco y que conocemos con ligeras pinceladas. No se puede afirmar que se adelantó a su tiempo, soy de la opinión que el trabajo de este realizador no se acota por parámetros temporales, ni por definiciones rimbombantes. El cine y la literatura de Maenza se escapan al simple análisis si ignoramos para ello su singular personalidad y el entorno que lo rodeaba. Fue intérprete especial del vanguardismo, una manera diferente de expresión, en una época en que estaba mal visto salirse del guión, dando un aire nuevo al ambiente cultural con tonos barroquistas y que lentamente se unía a los estertores del franquismo. Maenza se puede considerar como la esencia surrealista de nuestro cine independiente, un espíritu libre.

Armando Serrano

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