Café Levante y la tertulia

Zaragoza ha sido una ciudad tradicionalmente tertuliana. Algunos cafés se hicieron famosos principalmente porque eran centro de reunión; intelectuales, estudiantes y artistas polemizaban sobre los más variados temas, siempre al abrigo de sus muros y con las mesas de mármol como testigos, el aroma a café y la jarrita de agua en el centro. Importantes fueron las tertulias del Niké, o del Café Levante. Este último requerirá nuestra atención por ser punto de encuentro de la Tertulia Cinematográfica Aragonesa.

El Levante comenzó su singladura a finales del siglo pasado. El señor Agustín Charles, que era el propietario, decidió transformar su tienda de ultramarinos en un café, que le permitiera seguir manteniendo sus animadas tertulias con sus amigos fuera de la incómoda trastienda. Estaba situado el Levante junto a la puerta del Carmen, su nombre proviene como consecuencia de estar en línea y sentido con la carretera de Valencia. Principalmente, este establecimiento estaba frecuentado por arrieros, vendedores ambulantes y gentes del campo. Algunos años más tarde el edificio sería derribado trasladándose el café al paseo de Pamplona. Esta segunda época se desarrolló bajo la dirección de Félix Blázquez, que era hijo político de D. Agustín.

Personalidades zaragozanas de gran prestigio eran habituales del café, entre ellos destacaremos a D. Pedro Arnal Cavero, D. Antero Noailles y D. Pedro Ramón y Cajal. En noviembre de 1976 la piqueta redujo a escombros el edificio número 9 del paseo Pamplona, pero el Café Levante siguió adelante en la calle Almagro siendo sus propietarios los nietos de su fundador, conservando la misma filosofía y manteniendo sus tertulias.

Los primeros miembros de lo que sería la Tertulia Cinematográfica Aragonesa aparecieron como consecuencia del desmembramiento de otros círculos tertulianos. Las circunstancias de haber desaparecido los viejos y famosos cafés hicieron que fueran surgiendo pequeños foros de debate. Tendríamos que destacar -tristemente, por el hueco que dejó- el cierre del Niké. Posiblemente ha sido uno de los núcleos culturales más importantes y reconocidos, personas como Manuel Labordeta, Antonio Artero, Manuel Rotellar y Miguel Labordeta, que era el espíritu de sus reuniones, dan idea de la magnitud del Niké a principios de los 60.

Tendríamos que esperar hasta finales de los 70 para que la Tertulia Cinematográfica tuviera el cuerpo específico que se merecía. Manuel Labordeta (no podía ser otro) le puso nombre “Gran Orden Aragonesa de la Imagen y la Cultura”, y se institucionalizaron varias medallas “Grandes Maestres” y “Damas de Honor”. El trabajo de la tertulia en estos primeros años fue realmente interesante, los contactos con otros grupos fuera de nuestras fronteras, como en el caso de Pau (Francia), hicieron posible un hermanamiento que daría pie a la creación de un certamen que se convirtió en clásico, permitiendo la proyección de películas de unos y otros en sus diferentes ciudades, dando un importante paso en el intercambio de ideas y conceptos cinematográficos. También es destacable el esfuerzo que realizaron estas personas en la divulgación del cine principalmente como medio de expresión independiente, desarrollando en general una brillante actividad dentro del panorama cultural zaragozano.

Muchas fueron las personas que formaron parte de la tertulia en sus diferentes épocas: Gil Marraco, Manuel Labordeta, Manrique, Pomarón, Rotellar, Sesé, Vidal, los hermanos Sánchez Millán, Pellegero, Aguaviva, Chóliz, etc. Las producciones cinematográficas de sus miembros se convirtieron en lecciones de cine, películas como Susurros de José Luis Pomarón, El Herrero de San Felices de Miguel Vidal, La Contradanza de Cetina de Alberto Sánchez, Ayer soñé con Marta de Santiago Chóliz, El ladrón de lecturas de Pedro Aguaviva, etc.

Mi experiencia personal con la tertulia hay que inscribirla en su última etapa. La aparición del vídeo puede considerarse como traumática porque de alguna forma rompía con muchos esquemas dentro del pensamiento de la tertulia. No quiero decir que el vídeo mató el concepto tertuliano, pero contribuyó de manera sensible a una reconversión difícil de digerir. Pienso que la tertulia desapareció sencillamente porque también desapareció el espíritu de los 70 que la hizo nacer.

La Tertulia Cinematográfica pasará a la memoria zaragozana por haber sido uno de los movimientos intelectuales más importantes, el trabajo desarrollado por sus componentes en el mundo del cine y sobre todo el legado de sus películas, forman parte importante de la historia cultural de nuestra ciudad. Algunas de las personas que la integraron forman parte de otros colectivos, como Pedro Aguaviva dentro del grupo Sefilma, unos como Chóliz están en el dique seco, principalmente por su espíritu romántico hacia el cine o por cansancio, y otros como Gil Marraco, Pomarón, Rotellar y Manuel Labordeta están en nuestro recuerdo. Pero sobre todo para los que tuvimos el privilegio y el honor de conocerlos y participar en la tertulia, tienen el reconocimiento y la admiración propias de haber descubierto con sus películas el lenguaje y la belleza del cine más genuino y puro, el de la sencillez de las cosas nuestras y cotidianas.

Armando Serrano

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