El festival que nunca se realizó

Los 80 fue una época importante en el cortometraje como hemos ido viendo en los últimos artículos. La multiplicidad de grupos y la calidad de muchos de los trabajos producidos habían servido para repuntar de manera importante la realización cinematográfica. El festival de cine en Teruel estaba consiguiendo prestigio, y se unía al que ya tenía el de Huesca. Zaragoza por el contrario, se encontraba huérfana, recordemos la triste desaparición años atrás del festival Internacional de Cine Ciudad de Zaragoza. En otro orden de cosas se veía como necesaria una cierta unidad de acción por parte de los realizadores aragoneses. La falta de interés de las instituciones era directamente proporcional a su ignorancia, la ausencia de una visión global sobre la realidad del audiovisual en nuestra tierra era notoria. Todo esto serviría de estímulo para intentar realizar un festival de cine en nuestra capital, que junto a las otras dos ciudades aragonesas sirvieran como referente cinematográfico. Pero ni el mismo Kafka hubiera imaginado que tuviera semejante desenlace. Igualmente acontecería con la flamante Asamblea de Cineastas Aragoneses de los 80 constituida en el festival de Teruel, apoyada por el mismo José Luis Borau y establecida para defender además de dar a conocer el cine que se hacía, pero que tuvo una vida tan escasa como la propia unidad de los realizadores a los que pretendía amparar. Podría resumirse como los dos grandes fracasos de aquella época. A la ignorancia institucional se le sumaría el exceso de individualismo de muchos realizadores que echarían por tierra este movimiento. Pero eso es otra historia, por ahora nos centraremos en el festival para hablar de la Asamblea como se merece en el siguiente artículo.

Corría la primera mitad de los 80 y la idea de un certamen cinematográfico rondaba desde hacía tiempo en la Sección de Cine de la S.F.Z. Intentar hacer posible que en cada ciudad aragonesa contase con su propio festival, era algo que quería salir de lo onírico para convertirse en realidad, con esa intención la Sección creó un grupo de trabajo compuesto por tres personas: Eduardo Couto delegado, Arturo Briones encargado de cursillos, y el autor de este artículo, que era vocal de actividades. Zaragoza era la pata coja de la mesa y con el propósito de reparar aquella anomalía nos dirigimos a la Concejalía de Cultura, que por entonces estaba en una puerta adyacente al Teatro Principal. Era concejal el Sr. García Nieto, nuestro principal objetivo: hablar con él y exponerle nuestro proyecto. Nos pidieron que esperásemos en una salita cercana. Durante media hora de plantón estuvimos aguardando como si de un consultorio de la Seguridad Social fuera. Después la puerta se abrió, por ella con una bufanda al cuello y un grueso abrigo, afloró la figura de nuestro concejal con la firme idea de abandonar el edificio, evidentemente lo abordamos sin ningún miramiento, sorprendido, nos dijo que nadie le había informado de nuestra espera y nos invitó a entrar en su despacho.

Decir en favor del Sr. García Nieto que el trato dispensado en todo momento fue exquisito, tuvo la amabilidad de volver tras sus pasos, quitarse la bufanda, colgar el abrigo y sentarse a escuchar nuestra propuesta, lo que es de agradecer en un político. La exposición fue concisa y directa, aludimos a otras comunidades que con menos arraigo cinematográfico tenían sus certámenes de cine, realizamos una defensa del cortometraje en Aragón, le vendimos la esencia de nuestro festival desde todos los puntos de vista y después…un silencio que duró poco, pero que para nosotros fue extraordinariamente eterno. García Nieto tomó la palabra, nos dijo que la idea le parecía muy interesante y había que ponerse a trabajar. Es obvio que nuestras caras reflejaban sorpresa y cierto recelo.

Pasamos a otra sala más grande donde había varias personas trabajando, allí el concejal nos presentó a Ángel Martínez, hombre muy activo y que falleció hace ya algunos años. García Nieto le explicó a grandes rasgos el proyecto. Acogió la idea como algo muy interesante y factible para que el Ayuntamiento pudiera darle forma. Nieto se despidió de nosotros de manera cordial regresando a su despacho, me imagino que a por la bufanda y el abrigo. Ángel Martínez estaba preparando un kilométrico contrato para una cantante de moda que actuaría en breve. Recuerdo el comentario de lo complicado que era hacer un contrato, cosa que por las dimensiones del pliego no nos extrañó. Volvimos a explicar con mayor detalle nuestro embrionario festival, después de un cambio de impresiones se decidió tener una nueva reunión el martes siguiente a las dos de la tarde para empezar a definir cosas.

Tengo que confesar nuestro moderado escepticismo. En estas situaciones en las que se presenta un proyecto a un organismo o institución, siempre se espera la callada o el “…Ya veremos lo que se puede hacer”, pero ahora nos encontrábamos con el Ayuntamiento dispuesto a colaborar y receptivo a la propuesta. Fuimos puntuales a nuestra cita, Ángel Martínez nos esperaba. Se empezó precisando temas como la participación abierta a todo el mundo independientemente de su edad, la creación de diferentes apartados: argumento, animación y documental, la utilización de soporte único en pequeño formato para que todos tuvieran las mismas oportunidades, siendo abierto en un futuro próximo al vídeo. Se llegó a precisar tanto los detalles que incluso se nos propuso que el acto inaugural lo realizase el alcalde, por aquél entonces Sr. Triviño, eso sin contar la preparación de un cartel o carteles para el evento, encargándose directamente de ello el Ayuntamiento para su posterior elección. Después de la maratoniana reunión, se decidió su continuación para la semana siguiente: martes a las dos de la tarde para variar.

De todo esto se iba informando puntualmente a los miembros de la Sección intentando no ser excesivamente triunfalista. Llegó por fin el martes y allí estábamos de nuevo. Teníamos un cartel preparado cuyo tema central era el genial Harol Lloyd, pero fue excluido porque alrededor del fondo el autor había dibujado una multitud de patos Donald que no eran muy acertados. Ángel Martínez nos presentó un colaborador cuyo nombre no recuerdo y que reconozco su eficacia durante el tiempo que trabajó con nosotros. Se aprobó nuestra propuesta de utilizar el Teatro del Mercado para la sede de las proyecciones, quedando para hablar el próximo martes con su gerente que por aquél entonces era José Mari Pons, también se acordó preparar un borrador de bases y un nuevo cartel. Del presupuesto se nos dijo que no habría demasiados problemas, siendo el Ayuntamiento quien lo ajustase. Y así quedamos hasta el martes siguiente a las dos de la tarde.

El borrador de las bases ya estaba preparado, la fecha para el certamen estaba elegida: sería entre los festivales de Teruel y Huesca, creo recordar que sobre el mes de marzo. No queríamos competir con nadie, en todo caso colaborar con los otros dos. El jurado sería elegido por el Ayuntamiento al margen de la Sección de Cine, con eso evitábamos suspicacias. En otro orden de cosas, el certamen sería a nivel nacional con diferentes premios para cada apartado. Pudimos también ver el nuevo cartel diseñado, mucho más atractivo que el anterior, mostrando en su tema central una grúa con personal y equipo de rodaje. En fin, que la historia estaba muy bien encaminada. Por otra parte nuestra reunión con José Mari Pons marchó de manera excelente, el único problema, si se le puede llamar así, era que el Teatro del Mercado carecía da pantalla de proyección, pero era un tema fácil de solucionar: simplemente alquilarían una. Para la siguiente semana el Ayuntamiento nos diría el nombre del jurado, además tendríamos ya las pruebas de imprenta con los colores del cartel y las bases. Como la cosa estaba bastante encaminada, me puse en contacto con Fermín Pérez, máximo responsable del certamen de Teruel, para comunicarle el nuevo festival. Fermín se alegró mucho y me propuso un hermanamiento de los dos eventos, cosa que acepté sin dudarlo. Me parecía que el cielo empezaba a tener un azul precioso.

Pero llegó el esperpento y el surrealismo en la reunión del último martes a las dos de la tarde, cuyo desenlace parecía auspiciado por Groucho Marx. Aquel día no pudo venir Eduardo Couto siendo sustituido por un cursillista de la Sección. Cuando llegamos ya no estaba el colaborador con el que también habíamos trabajado, en su sustitución había dos señoritas de infausto recuerdo cuya única misión era ponernos trabas a todo. Hasta un niño de corta edad hubiera resuelto sin problemas todas sus terribles tribulaciones, que por otra parte habían sido solucionadas en martes anteriores. Por cierto, según ellas nunca hubo un cartel ni unas bases para el certamen. En fin, que nunca se había hablado de nada, ni tan siquiera existió el colaborador que durante semanas estuvo trabajando con nosotros. No sabíamos que pensar, era evidente que las señoritas habían sido elegidas a conciencia, de la misma forma que se podía haber elegido a un cocodrilo para dar una conferencia sobre el desarrollo de la economía en el siglo XX. Al final, y cuando les convencimos que nuestra evolución intelectual había superado a la del mono, las señoritas nos confesaron que un “técnico” había dado un informe negativo, y que por lo tanto, el festival no se realizaría. Insistimos en hablar con el “técnico”, pero nos dijeron que él había dado su informe y por lo tanto ya estaba todo dicho, es decir, era como una especie de ente todopoderoso.

En fin, que nos vimos en la calle, con las manos en los bolsillos y sin entender nada de nada. Tenía la sensación de haber vivido una situación absolutamente bananera sin derecho a reclamar. Mi cabeza tenía una preocupación: “…Y que narices les digo ahora a la gente, a Fermín Pérez, a los miembros de la Sección de Cine, a los que les puse el caramelo en la boca con nuestro festival”. ¿Dónde estaban las personas que en su momento les pareció todo tan interesante?

Años después, tendríamos un certamen de cine que duraría varias ediciones y que serviría para dar a conocer los trabajos de nuestra Comunidad, por cierto, con la colaboración del Ayuntamiento y sin el “técnico” de turno, gracias a Dios.

Armando Serrano

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s