Eugenio Monesma

Cuando se habla de cine antropológico y etnológico en Aragón es casi ineludible pronunciar el nombre de Eugenio Monesma. El trabajo de investigación realizado por el oscense durante veinte años de andadura cinematográfica es de una envergadura impresionante, aportando elementos y recursos que enriquecen este género documental. Las imágenes de diferentes oficios artesanales, algunos de ellos desaparecidos, así como de tradiciones que se pierden en el tiempo, dan idea de la labor substancial desarrollada por este cineasta para recuperar un patrimonio cultural que es de todos. Posiblemente, el futuro será el que calibre con mayor perspectiva la trascendencia que la cámara de Monesma ha tenido en el conocimiento de nuestras costumbres.

Eugenio Monesma nace en Huesca un veintiuno de noviembre de 1952. Se interesa por el cine desde la juventud, pero será a finales de 1979 cuando realiza su primer corto: Guernica. Tendríamos que diferenciar dos períodos en la filmografía de este autor. Una de estas fases es la que caracteriza sus primeros trabajos, donde se aprecia una temática de indudable contenido social, destacando: Soldado azul; Jaque de reyes; Último viaje; y Strees. La otra surge cuando conoce a Ángel Gari en 1983, y se integra en el Instituto Aragonés de Antropología, dando paso a sus primeros documentales etnográficos. Los premios y el prestigio que obtiene con su trabajo hacen que desde 1988 inicie una colaboración con la Diputación de Huesca para la realización de diferentes videos. Monesma se sale de la corriente romántica que inspira a un gran número de realizadores de los 80, y mira el cine con un sentido algo más comercial. Será en 1991, y en colaboración con Joaquín Zamora, cuando crea la productora PYRENE P.V., S.L. El equipo se compone de seis personas, y el objetivo no es otro que la realización de una serie, con vistas a su distribución por televisión.

La actividad desplegada por este cineasta es bastante fecunda, destacaremos el trabajo realizado como coordinador en Zaragoza de las jornadas de Artesanía Viva, que estaban patrocinadas por la Universidad Popular, el catálogo de Cine Etnológico en España para el Ministerio de Cultura, o la dirección del cine club Peña los 30. Numerosas conferencias en universidades y colegios, además de diferentes colaboraciones con medios de comunicación y estamentos oficiales. Como se puede apreciar, la obra desarrollada por Monesma en diferentes apartados relacionados con la etnología es muy extensa, como son la relación de premios obtenidos cifrándolos en números redondos en 200 entre nacionales e internacionales, sobresaliendo la medalla de plata del Festival de Cine Antropológico del Mediterráneo, celebrado en Palermo (Italia), el premio del Ministerio de Educación y Ciencia sobre audiovisuales, los premios del Ministerio de Cultura sobre Artes y Tradiciones, y la medalla Aragón por su aportación a la cultura de esta tierra, y que le fue entregada por la Diputación General de Aragón el 23 de abril con motivo de la festividad de San Jorge.

Esta seria una breve sinopsis de la trayectoria de Eugenio Monesma, cuya producción consta con un catálogo de más de 300 cortos en su haber, títulos como Navateros; Los cordeleros; Hilario Artigas, carbonero de Agüero; La miel y la cera; y los 52 capítulos que integran la serie Los archivos de la memoria, dedicados a temas de la cultura tradicional, sin olvidarnos de su última película hasta la fecha, basada en la vida de Ramón J. Sender. Su trapajo, como gran parte de los realizadores de su época, es de formación autodidacta que evoluciona de manera constante. Esto se evidencia de manera clara en cada nuevo documental que realiza, con un concepto del plano y la composición que sirve para reseñar de manera afortunada el contenido temático de cada título.

No quisiera terminar esta descripción de Monesma sin antes hacer mención de una cara menos conocida como es la de actor, que compaginó durante algún tiempo con el cine. La participación activa al teatro viene desde que en 1979 se integra en el grupo La tartana entre cuyas obras montadas destaca U-235. Su participación de actor es más anecdótica que otra cosa, pero no deja de ser interesante para definir la faceta artística de un cineasta cuyo trabajo llena de admiración al crítico más severo. Solo resta expresarle nuestro reconocimiento por rescatar una parte de la riqueza cultural de esta comunidad, que sin duda se hubiera perdido de nuestra memoria.

Armando Serrano

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