Javier Peña

Javier Peña es un realizador cuya mayor virtud es la especial capacidad que tiene para contar historias, sus personajes podrían inscribirse en una especie de zoo, donde las relaciones en muchos casos son como poco singulares y en otros se vislumbra un cierto perfil histriónico rebosante de ácida ironía. El talento como guionista queda visible a lo largo de su trayectoria cinematográfica, con un delineado inconfundible marca de la casa, el sutil humor caricaturesco es una constante y ello se refleja con pocas matizaciones en sus películas. En lo personal, Javier es una persona ecuánime y responsable, algo tímido aunque intente disimularlo, fiel a sus ideas y por lo tanto coherente con ellas, es un gran tipo con quien tengo buena amistad y al que conozco desde hace ya algunos años.

Javier Peña nace en Madrid en 1955, a los cinco años se traslada a Zaragoza donde reside.  Su andadura cinematográfica comienza con las primeras luces de los 80, la película “Egolisis” realizada en el 82 con carácter de metáfora sobre la fragilidad humana, será su primera aportación al cine independiente. En 1984 Javier había realizado ya diferentes cortos que le sirven para trabajar el lenguaje y la estructura narrativa de sus guiones, películas como: “Al otro lado” y “Eso no se toca”, son referencia para ir confeccionando un estilo que ira adquiriendo cuerpo y que se mantendrá como distintivo de este autor. En este mismo año entrará a formar parte de “Cineceta” realizando diversos trabajos en equipo y aportando sus propias ideas al grupo. La paulatina entrada del vídeo en el mundillo cinematográfico sustituyendo al pequeño formato, comienza con la disyuntiva de dar el primer paso, el salto al nuevo soporte que parecerá traumático para más de un realizador, Javier decide el cambio aunque perdura en él un cierto romanticismo al super-8, en 1986 dirige su primer trabajo en vídeo:“Marta 22”, una película de fantasía un poco novedosa respecto al cine que venía desarrollando. A este trabajo le seguirían otros con temática variopinta siendo en algunos casos esbozos experimentales pero fiel a sus propios conceptos: “Morir en quince metros”, “Espectro”, “Cuarto oscuro”, “Boing” y “El tabaco es perjudicial para la salud” entre otras, pueden darnos una idea de la creatividad de este realizador. Tendríamos que destacar entre su filmografía, la película “Un triángulo de cuatro lados” del año 1988 galardonada en el VIII Festival Turolense de Cine, este corto que en su momento tuvo una cierta polémica por algunas escenas de cama algo tórridas, cuenta la historia de un hombre que conoce fehacientemente la infidelidad de su mujer y decide darle una pequeña “sorpresa“, pero ignora que será víctima de su propia esposa que junto a su amante fraguarán a su vez la muerte de este, muerte y sorpresa se juntan desencadenando los acontecimientos de manera simultánea al más puro estilo de su director. La película está interpretada por Pedro del Campo en el papel de marido cornudo, Teresa Cosculluela en la mujer infiel, Carlos Calvo en el cariñoso amante y Pedro Aguaviva en el protagonista casual del corto. Recuerdo que en una ocasión le pregunté no sin cierta morbosa ironía sobre el rodaje de las escenas de cama, Javier se me quedo mirando y me dijo con una sonrisa ladina: “Esa pregunta tiene mucha mala leche, Carlos y Teresa (los actores de la escena de cama) me dijeron que me pusiera a rodar que ellos ya harían su trabajo, que no me preocupase por más, y así lo hice…”.

La andadura cinematográfica de este realizador tiene diferentes vertientes, a su trabajo de guionista y director hay que sumarle la de actor, con una estrecha relación entre los prototipos de personajes que encarna para otros y los suyos, de esta manera podemos verle en películas de Aguaviva, Briones, José Manuel Fandos o José Abad, en algún caso elaboró además el guión. De estas interpretaciones habría que destacar los cortos: “Feliz Navidad cariño” y “Adiós, queridos”, realizados por Abad y Fandos.

Javier Peña formó parte de la Sección de cine de la S.F.Z. donde lo conocí, fue co-fundador del grupo “Alucine, miembro de la “Tertulia cinematográfica Aragonesa” y del cineclub “Gandaya”, además como se ha dicho antes de “Cineceta”. Ha desarrollado cometidos de todo tipo dentro de estas asociaciones mencionadas, con “Alucine” organizó una de las muestras de cine realizadas en nuestra ciudad y que servían para dar ha conocer los últimos trabajos producidos en nuestra Comunidad, una labor constante dentro del cortometraje y que como suele pasar con frecuencia poco valorada. Javier Peña vive actualmente algo apartado del cine, sus quehaceres familiares y su trabajo, le dejan poco tiempo para seguir contando historias de antihéroes que intentan vivir en una sociedad con exiguo margen para las relaciones solidarias. Sea este mi pequeño homenaje a un excelente realizador y una fenomenal persona.

Armando Serrano

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