Pedro Avellaned

Hace algunos años, me invitaron con motivo del año internacional de la juventud a una charla-tertulia, compartida con otros realizadores de cortos como José Antonio Vizárraga, Alberto Sánchez y Pedro Avellaned. Recuerdo el curioso papel del moderador, Leandro Martínez, que hizo un ataque furibundo sobre la realización cinematográfica en pequeño formato, con un especial deseo y haciendo votos para su pronta desaparición. Afortunadamente el tiempo pasa y las mentalidades se transforman. El cine y el video brotan con más fuerza que antes en nuestra comunidad, gracias en parte a personas que en su momento fueron pioneros, filmando cuando era difícil poder hablar y expresarse, en una época complicada para el pensamiento libre. Realizando sencillamente cine aunque este fuese en pequeño formato para desdicha de algunos. Importantes son los nombres propios que ha dado el celuloide de esta tierra y que trabajaron con entusiasmo. Hoy hablaremos de uno de ellos.

Pedro Avellaned nace en Zaragoza el 10 de octubre de 1936. Cursa estudios de Bellas Artes en esta ciudad. Pronto demuestra sus dotes creativas y a los 24 años funda y dirige la compañía de teatro independiente Grupo 29, poniendo en escena obras de Valle-Inclán, Lorca, Alfonso Sastre, Arrabal, Jean Cocteau, etc. Será en 1963 cuando Avellaned tiene los primeros contactos con el cine; La Gitana será el comienzo de su andadura cinematográfica. En 1970 comienza a interesarse por la fotografía. Trabaja en su propio estudio y posteriormente dedica su mayor actividad a la foto creativa, siendo sus primeras etapas en Zaragoza, Madrid, Segovia, Italia y Barcelona. Sus colecciones fotográficas se han exhibido en diversas ciudades europeas y americanas. Importantes son las colaboraciones de Avellaned con diversos artistas como los pintores Paco Simón o Fernando Sinaga. La realización de innumerables catálogos, carteles y carpetas, en la que destaca la elaborada para la inauguración de las obras de restauración de la Aljafería de Zaragoza.

El trabajo cinematográfico desarrollado por este polifacético artista se caracteriza por el profundo contenido humano. Las imágenes de Pedro Avellaned son sugerentes por su valor y significado, adquiriendo las películas una riqueza visual y poética, tanto en la estética como en su tratamiento. Es en 1963 cuando prepara el rodaje de La Gitana, una historia romántica con venganzas y bulerías de fondo, donde se resalta el triunfo del amor sobre la muerte. Destacar de este corto la soberbia interpretación de Adela Iglesia. En 1967 rueda Palabras a sangre y fuego, un documental con textos de Bertran, valiente y directo, sobre la tortura y los campos de concentración. Este corto tuvo problemas de exhibición, siendo prohibida su proyección en algunos sitios, como sucedió en un certamen de Madrid. Es una pena que el propio autor fuera verdugo de su obra, destruyéndola posteriormente. Después vendría Romeo y Julieta en los infiernos, del año 1968; Orensanz Environmental Sculpture, en el 70; Tiempo de metal, del 72; Los actos terribles, del 74; y Sin poder de síntesis, del año 1990, este último trabajo inacabado.

No quisiera pasar por alto una faceta importante de Pedro Avellaned y que le viene heredado del teatro, esto es la vocación de actor, poniéndolo de manifiesto en diferentes películas tanto en el cine de autor como en el profesional, películas como Ese mundo maravilloso, de Pomarón; Culpable para un delito, de Moncayo Films; El aire de un crimen, de Isasi Isasmendi; y Miguel Servet, de Forqué, son buena muestra de ello, sin olvidarnos del corto dedicado a Buñuel con motivo de su centenario y en el que Avellaned mira al director de Calanda desde su punto de vista fotográfico, igual que lo hace Eduardo Laborda desde la pintura.

El trabajo realizado en el mundo del arte por Avellaned a lo largo de su carrera es sencillamente admirable, como lo es su espíritu para seguir creando y trabajando, aportándonos sus conocimientos en talleres como los que ha impartido en Zaragoza, Veruela, Pamplona, Tarazona, Córdoba, Huesca, Valencia, etc. Un artista en suma en pleno desarrollo, con la sabiduría que le otorga la madurez y el talento. Nos quedamos un poco en la duda de hasta dónde podría haber llegado con el cine si se hubiera dedicado plenamente a él. Las pinceladas humanas junto con la mirada crítica reflejada en sus películas, le valieron en su momento varios premios en festivales internacionales. Avellaned tiene en su cine una esencia intrépida y directa, elementos prósperos en valores y que supo plantear en cada momento y circunstancia.

Armando Serrano

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